HORROR Y CIENCIA FICCIÓN A LA MEXICANA


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La exposición itinerante Horror y Ciencia Ficción a la Mexicana, es una muestra gráfica que reúne imágenes de filmes que ilustran el desarrollo de estos géneros cinematográficos en nuestro país. Consta de 14 composiciones gráficas y una cédula de presentación, originalmente fue curada por el Crítico e Investigador de cine Rafael Aviña, y es coproducida por la Filmoteca de la UNAM y la Dirección General de Atención a la Comunidad de la UNAM (DGACO).

Esta exposición se presenta a partir del miércoles 16 de agosto y hasta el 6 de septiembre de 2017, en la Biblioteca MVZ José de la Luz Gómez de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.


Calendario de presentaciones:

  • Del miércoles 16 de agosto y hasta el 6 de septiembre de 2017, en la Biblioteca MVZ José de la Luz Gómez de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.

  • Del jueves 7 de septiembre y hasta el 3 de octubre de 2017, en la Sala de Lectura de la Biblioteca de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Cédula

Dos de los grandes géneros en la historia del cine y también de los más vilipendiados y sobrexplotados son el horror y la ciencia ficción. En ese contexto, el cine mexicano, aparece en un principio como el pelo en la sopa. Sin embargo, sus películas proclives más a la risa que al miedo y la reflexión, resultan un curioso y atractivo ejemplo de una cinematografía en crisis permanente ya sea copiando modelos o buscando salidas insólitas.

Chilaquiles y computadoras resultan ser una de las simbiosis más curiosas y divertidas de nuestro cine. Ese intento por lanzar al infinito y más allá y de paso, enfrentar a cerebros diabólicos de las galaxias, a nuestros héroes, ya sea armados con tan sólo una capa y una máscara de satín, o recién salidos de Ranchos Grandes y similares. Y es que, el cine nacional daría el salto al género fantástico y la ciencia ficción, a partir de algunas vertientes que van a oscilar entre el abierto choteo y el humor involuntario en verdaderos clásicos como: La momia azteca, la serie de Neutrón, Gigantes Planetarios, o Santo contra la invasión de los marcianos que mostraba la llegada de extraterrestres a la Magdalena Mixhuca.

1957 fue un año decisivo y el descubrimiento de un artesano brillante como Fernando Méndez quien resucitó del ataúd fílmico a un Drácula nacional en El vampiro protagonizado por Germán Robles, seguida de cintas como: Misterios de ultratumba y Ladrón de cadáveres. Un género siempre a la deriva plagado de científicos con apellido extranjero y sus laboratorios de cartón con foquitos parpadeantes, reliquias precortesianas y reencarnaciones aztecas y un delirante exotismo en el que caben: brujas, sacerdotes, zombies, hipnotistas y vudú.

Sin embargo, en el ocaso de los años sesenta, surgiría un cineasta clave que merece ser rescatado del anonimato. Se trata de Carlos Enrique Taboada el mejor exponente nacional de un cine de horror-fantástico sicológico a partir de: Hasta el viento tiene miedo y El niño de piedra a Veneno para las hadas, cuyas versiones contemporáneas, representan el último grito de un cine sin fronteras.

Rafael Aviña