José Manuel Cravioto en el encordado
por Karla Calviño Carbajal
Los últimos héroes de la península narra la historia de cinco campeones mundiales de boxeo que coinciden en un mismo tiempo y lugar: durante la década de los setenta y en Mérida, Yucatán. ¿Es este un documental deportivo o un ejemplo de muchas de las posibles historias humanas que van del triunfo a la decadencia?
Nunca fue pensado como un documental deportivo, sino como una historia de cinco hombres con mucho coraje y muchas ganas de demostrar que podían subsistir por medio de lo que Dios les había dado y de sus capacidades para subirse al ring y ser campeones mundiales. Como dices, quisimos que este concepto de triunfo-derrota estuviera plasmado en la cinta; pero no el triunfo y la derrota como antítesis sino con el objetivo de cuestionar ante la sociedad actual, a través de una historia de boxeo, si el triunfo y la derrota son detonantes de felicidad, infelicidad o frustración. De ahí vino todo el concepto de la película.
Quería también preguntarte sobre el manejo de la cámara. Creo que grabaste en S16, S8 y 35 mm. Además de que en la película vi varias imágenes actuales trabajadas como material de archivo, envejecidas. ¿En función de qué (técnicamente, en la historia, para ti como realizador) se maneja de este modo la cámara?
El manejo de la cámara, en el cine que he hecho como director, es la parte que más me apasiona. Primero, la mezcla de los formatos es un gusto muy particular por formatos de cine como el S8 y el S16. No utilizamos 35; esta es la impresión final de la película. Bueno, usamos HD. Empleamos HD porque es el formato más recomendable actualmente para hacer documentales ya que te permite, en términos de costo, una realización holgada. También insistí mucho en filmar en S16 y S8 para recrear ciertas texturas, ambientes, y como bien percibiste en el S8, se trataba de recrear y tener una sensación pues es muy bonito que un formato de cine, simplemente por activar la cámara, ya te transmite todo un sentimiento. Yo quería transmitir una sensación de añoranza, melancolía. En el caso del S16, buscaba reforzar el concepto de vitalidad. A tipos que rondan entre los cincuenta y sesenta años los puedes ver mucho más imponentes por los encuadres de la cámara. En las salas de cine, parecen hombres grandes o fuertes. Si los conoces, son personas que no rebasan el 1.60 de estatura. Queríamos, a través de la pantalla de cine, presentar a personajes grandes; grandes no sólo como campeones mundiales, sino como seres humanos.
Cuéntanos sobre el trabajo de guión, edición y sonido, porque pasan muchas cosas a lo largo de esta línea narrativa básica de triunfo-decadencia. Además, las secuencias del material de archivo son extensas y hay bastante intervención del sonido ambiente en las entrevistas de los personajes. ¿Será que conservas la circunstancia narrativa y espacial con que se te presentó la historia en la realidad misma?
Sí, totalmente, porque cada espacio que se nos presentaba con cada uno de los personajes era un universo muy particular y distinto al de otros estados o espacios de la República. En cada lugar, la decoración, la manera de hablar, los ruidos son muy distintos. Cuando llegas, te encuentras con que hay un estímulo adicional, además del de los personajes, y sí lo quisimos retratar. Por ejemplo, cuidamos mucho el color que había en esos lugares. También, en los exteriores, teníamos el problema de los motores. Nos habían dicho que los motores de los camiones y coches eran muy ruidosos. Cuando hacías una entrevista, estaban sonando y en vez de evitar que lo hicieran, reprodujimos la sensación de “motores que pasan”. También estaban las aves que, a cierta hora, empezaban a emitir sonidos estridentes y teníamos que reproducir eso. Por tanto, aunque no es una película de paisajes yucatecos, sí te describe un espacio al que no estamos acostumbrados, sobre todo en la ciudad o en otros lugares del país.
Todo eso tiene que ver con el guión, con mi preparación en el CUEC que es una escuela documental muy rigurosa, en la que hay que escribir un guión y plantear todo. Es muy raro porque actualmente la tendencia es que en las películas documentales no haya guión, todo es observacional y hay que dejar la cámara prendida para que las cosas sucedan. No estoy tan familiarizado con esa escuela en este punto de mi vida, sino con un formato de estructura más académica. Por ello, fue muy importante conocer a los personajes previamente, lograr que sintieran una empatía con el equipo de producción e ir escribiendo un guión de la mano de Beatriz Pereyra, quien fue la persona que originalmente redactó el artículo acerca de estos campeones en la revista Proceso. Yo no soy periodista ni investigador. Soy cineasta y muchas veces los cineastas creemos que los recursos del cine alcanzan para contar una historia; pero para mí, en este documental, había que hacerse de un cómplice que fuera el periodismo. No debía tenerle miedo al periodismo como un formato más estándar o clásico, sino debía permitir que me apoyara en la construcción del guión. Lo que más me gustó de la estructura fue presentar a un narrador de la película, un taxista, que fue Juan Herrera y que apenas hueles que puede ser un campeón, hasta que finalmente descubres que es campeón y amigo del resto de los personajes. Ese tipo de decisión se tomó en la mesa, en un papel y escribiendo, frente al monitor de la computadora, un guión.
Sin embargo, el cine ya cuenta con un narrador importante que es la cámara misma y en tu documental coexisten un narrador-cámara y un narrador-personaje que al final se revela como una parte significativa de la historia.
Desde el comienzo, la postura de la cámara era muy clara por una inquietud personal, estilística, y la del narrador era más bien por una formalidad de estructura cinematográfica. Considero que las dos se complementan bien en esta película; y lo que más me gusta de hacer cine, en este caso género documental, es que no existen las reglas. Hay antecedentes de lenguajes documentales históricos, pero cuando uno se plantea hacer documental no hay algo establecido. Este género es diametralmente opuesto al terreno de la ficción en el que hay un guión, personajes y acciones preescritas o prediseñadas para lograr ciertos sentimientos. En un documental, partes de cero. No puedes tener un guión preciso, sino sólo una guía, una escaleta. Eso fue lo que me pasó en mi película. En ese punto, yo ni siquiera había intelectualizado tenía dos narradores. Simplemente se trataba de inventar un lenguaje preciso para esta película. Lo que más me gusta de este género es que, cada vez que te enfrentas a un proyecto, te encuentras un terreno llano. Ese es el reto.
Ya que estamos hablando de terrenos y espacios, Los últimos héroes de la península encontró una buena historia fuera del centro capitalino. ¿La geografía y cultura mexicanas ofrecen a sus cineastas un radio de acción amplio para encontrar grandes historias? ¿Hacer documental y cine en México supone este desplazamiento temático y geográfico?
Pienso dos cosas. Primero, los cineastas mexicanos que actualmente hacemos documental nos falta ser más sensibles para encontrar las historias. México es un territorio tan grande, vasto y con tantas historias y culturas que nos falta descubrir muchos temas. Así como el documental ha crecido mucho a nivel de promoción y aunque ahora tiene más ventanas para su presencia, también hemos caído en trabajar los temas que llaman la atención como la migración, los feminicidios, las revueltas sociales. Es una salida muy fácil encontrar estos temas porque los vemos cada día en todos los periódicos. No digo que no sean temas necesarios. Creo que son muy necesarios, pero si haces un catálogo de trescientos documentales de los últimos diez años, el 70 % coinciden temáticamente. Ahí te das cuenta de que hay una carencia de temáticas, no porque no existan sino porque no existe la voluntad o el ojo crítico de los cineastas para salir a buscarlas.
Con Los últimos héroes..., esto ha sido un problema. La gente piensa que es un documental deportivo, regional o de folclor y por su tema, no ha tenido el impacto de otros documentales. Tenía muy claro que el tema del documental era el que yo quería contar, más allá de una tendencia tanto a nivel de fondo como de forma.
La segunda línea es que, en lo personal, no me gusta buscar ni encontrar el tema, sino que el tema me encuentre. Cuando buscas un tema, atiendes a criterios de qué puede funcionar o qué te interesa contar; pero cuando un tema que no habías pensado te descubre, para mí tiene una riqueza mayor. Ese es el caso de Los últimos héroes.... Yo hago la analogía con una pareja. ¿Qué pasa con la gente que está obsesionada con encontrar una pareja?: va a ser muy difícil que eso suceda. Sin embargo, el momento más bello de una relación es cuando, por coincidencias de la vida, conoces a alguien. Para mí, así es el documental. Es como una relación amorosa. Tienes que esperar a que él se descubra y ser tú mismo en ese proceso. Nos faltan muchos temas por contar en el cine y tenemos que estar sensibles y relajados para que esos temas nos encuentren a nosotros.